Bioseguridad sin fronteras: la PPA y la importancia de anticiparse en un mundo interconectado

La suspensión temporal de importaciones porcinas desde España, el reconocimiento de la regionalización sanitaria europea y el refuerzo de las medidas de bioseguridad en Chile confirman que las enfermedades animales tienen impactos globales. Frente a la Peste Porcina Africana (PPA), la anticipación, la coordinación público-privada y una cultura sólida de prevención resultan claves para resguardar el estatus sanitario y la competitividad del sector porcino nacional.

La reciente detección de Peste Porcina Africana (PPA) en España y las decisiones sanitarias adoptadas a nivel internacional vuelven a poner en evidencia una realidad ineludible: las amenazas sanitarias ya no son fenómenos locales. En un mundo altamente interconectado, estos eventos cruzan fronteras, afectan los flujos comerciales y exigen respuestas oportunas, coordinadas y basadas en una mirada integral.

Este escenario refleja con claridad el enfoque One Health (Una Salud), que reconoce la interdependencia entre la salud animal, la salud humana y los ecosistemas, y que Chile ha incorporado progresivamente en su gestión sanitaria. Desde esta perspectiva, la prevención trasciende el control de enfermedades y se consolida como una estrategia de protección económica, productiva y social de largo plazo.

Si bien la PPA no es una zoonosis y no representa un riesgo para la salud de las personas, su eventual ingreso a un país libre como Chile tendría consecuencias severas para el sector porcino. Mantener el estatus sanitario, junto con estándares estrictos de bioseguridad, no constituye solo una exigencia técnica, sino un activo estratégico para una actividad altamente tecnificada, orientada a la exportación y con una inserción relevante en los mercados internacionales, fundamental para la estabilidad del sistema agroalimentario.

En los últimos años, la Peste Porcina Africana ha avanzado por distintos países de Asia y Europa, generando profundas disrupciones en los mercados internacionales. En noviembre de 2025, España notificó oficialmente a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) su primer foco en más de 30 años, detectado en jabalíes silvestres en la provincia de Barcelona. A la fecha, se han confirmado cinco focos y 13 animales positivos, todos dentro de una zona infectada de 20 kilómetros, sin detección en granjas comerciales.

Ante este escenario, España suspendió voluntariamente la certificación de exportaciones de carne y productos porcinos hacia más de 40 mercados mientras delimitaba con precisión el alcance del brote. Se trata de una decisión de alto impacto, considerando que el país es uno de los principales exportadores de carne de cerdo a nivel mundial.

En este contexto, la suspensión temporal de importaciones porcinas desde España -que representa cerca del 2% del volumen total de carne de cerdo importada por Chile- respondió a una medida preventiva, proporcional al riesgo y alineada con los estándares internacionales. Como parte de esta decisión, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) estableció un periodo de resguardo de 30 días, equivalente a dos ciclos de incubación del virus, aplicable a cargas con materia prima producida desde el 28 de octubre en adelante, hasta que la Unión Europea definiera oficialmente la zonificación correspondiente.

El 9 de diciembre, Chile actualizó esta medida reconociendo la regionalización sanitaria establecida por la Unión Europea, lo que permite la importación de productos de origen porcino provenientes de zonas libres de PPA, siempre que hayan sido producidos a partir del 4 de diciembre de 2025. Asimismo, se autoriza el ingreso de productos elaborados antes del 28 de octubre de 2025. En paralelo, se mantiene la suspensión para carne fresca, productos cárnicos, procesados crudos, tripas y subproductos de cerdo producidos entre el 28 de octubre y el 3 de diciembre que no hayan sido sometidos a tratamientos de mitigación del riesgo, mientras que los productos procesados térmicamente continúan autorizados conforme a los certificados veterinarios internacionales vigentes.

Prevención en frontera y cultura sanitaria

Más allá del comercio formal, uno de los principales riesgos de ingreso de la PPA está asociado al transporte informal de productos de origen porcino por parte de pasajeros. Por ello, el Servicio Agrícola y Ganadero reforzó las inspecciones en el aeropuerto internacional de Santiago, enfocado especialmente en viajeros que arriban desde Europa o con conexiones en ese continente. Todo producto porcino de origen español o sin etiquetado que permita verificar su procedencia es interceptado y destruido, con el fin de evitar el ingreso de productos de riesgo.

Esta acción se enmarca en una campaña informativa y preventiva que se despliega año tras año durante el periodo estival en el principal terminal aéreo del país, considerando el aumento del flujo de pasajeros. Sin embargo, en esta oportunidad la campaña fue adelantada y fortalecida de manera excepcional, en respuesta a la situación sanitaria registrada en España, con el objetivo de prevenir el ingreso de enfermedades exóticas ausentes en Chile, como la Peste Porcina Africana (PPA).

A este despliegue en frontera se suman otras medidas sanitarias reforzadas por el SAG, como la vigilancia interna permanente mediante monitoreo en predios, plantas faenadoras, ferias ganaderas y unidades productivas, junto con una coordinación interinstitucional activa con Aduanas, autoridades portuarias, aerolíneas y el sector privado, orientada a minimizar cualquier riesgo de ingreso del virus.

Este enfoque preventivo cobra especial relevancia considerando que, como advierte Juan Carlos Domínguez, presidente de ChileCarne, “el principal riesgo de ingreso de la PPA a nuestro país está asociado a productos de origen porcino transportados por pasajeros o ingresados vía importaciones”. En ese contexto, subraya que “resulta esencial fortalecer los controles y asegurar un mensaje claro respecto de la prohibición de ingresar alimentos que puedan comprometer nuestro patrimonio sanitario”, destacando además la importancia de mantener medidas estrictas de bioseguridad, como ha ocurrido en Chile gracias a la intervención oportuna del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

Bioseguridad como ventaja competitiva

Si bien el cierre temporal de envíos desde España puede generar ajustes en los mercados internacionales e incluso abrir oportunidades acotadas para el sector chileno en destinos como China, Corea del Sur y Japón, el foco estratégico debe mantenerse en la prevención. Los flujos comerciales suelen reacomodarse con el tiempo; en cambio, la pérdida del estatus sanitario tendría consecuencias mucho más profundas, prolongadas y difíciles de revertir.

Sobre esta base, el sector chileno de carne de cerdo ha construido su posicionamiento internacional, sustentado en altos estándares de bioseguridad, trazabilidad y cumplimiento sanitario. Las acciones preventivas, la vigilancia permanente y la coordinación público-privada no solo responden a exigencias técnicas, sino que reflejan un compromiso país con la protección del sistema agroalimentario y con el fortalecimiento de Chile como proveedor confiable de alimentos de clase mundial.

En un contexto global donde una detección sanitaria en otro continente puede generar impactos inmediatos, fortalecer la cultura de prevención deja de ser una opción para transformarse en una necesidad estratégica. Proteger el patrimonio zoosanitario de Chile es, en definitiva, resguardar su competitividad, su desarrollo productivo y su proyección internacional.